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La Coctelera

A cuenta gotas

20 Junio 2006

La novia prometida y el cartero

Una joven pareja se enamoró e hizo planes para casarse. El joven tenía un buen trabajo en la industria maderera. Cuando hubo una recesión económica, el joven perdió su empleo. Empezó a buscar otro, pero cada día regresaba a casa desanimado.

Quería casarse pronto y se le ocurrió una idea que le propuso a su prometida: irse a trabajar a una industria maderera en Alaska, donde siempre había mucho trabajo y buen salario y así podría fácilmente ahorrar el dinero suficiente para casarse. Emilia protestó. No podría soportar la separación por tanto tiempo; intentó razonar con él, lloró; todo en vano. Después de mucho diálogo, él se dirigió a Alaska. Se separaron con solemnes promesas de mantener vivo su amor por medio de cartas diarias. Al final de su primer día de trabajo, el joven regresó a casa, muerto de cansancio, pero no podía defraudar a Emilia. A la luz de una lámpara, le escribió una carta de amor. También ella era fiel en escribirle a él.

Todos los días, Emilia esperaba ansiosamente al cartero para tomar las cartas directamente de sus manos. Lo empezó a conocer y le contaba acerca de su amor lejano. El cartero empezó a dedicar tiempo para visitarla. Al final del verano habían llegado a conocerse muy bien. Para abreviar la historia: ¡Ella se casó con el cartero! Las cartas no eran suficientes. El novio fué olvidado cuando alguien más estuvo disponible para interactuar con ella por más tiempo.

Cuando leo ésta historia pienso en la vida devocional: se desvanecerá a menos que estemos diariamente relacionados con Dios. Necesitamos leer sus cartas -la Biblia- y mantenernos en oración. Notemos como Emilia esperaba ansiosamente recibir las cartas. Corría a la puerta a recibir al cartero. Nosotros debemos tener el mismo anhelo de hablar con Dios cada día. Es importante recordar que la fortaleza y la paz obtenidas en un día con Dios, no serán suficientes para el próximo día. Como le sucedió a Emilia, cada día iba a encontrarse con el cartero. Nada podía interrumpir el tiempo que ella dedicaba a su encuentro con él.

Escoje una hora que se adapte a tu ritmo de vida para la oración. Prográmala. Entonces mantén fielmente esa cita con Dios.

Aquí estoy enfocando esta historia principalmente a nuestra relación con Dios, pero podemos aplicarla en muchos otros aspectos de nuestra vida diaria, puede ser una carrera, un empleo, una pareja, el cuidado personal, la familia, los amigos... en fin, debemos dedicar el tiempo necesario para cada actividad y para cada persona importante para nosotros y cuando dediquemos el tiempo para cada uno, hagámoslo poniendo lo mejor de nuestra parte, dicen por ahí que "más vale calidad que cantidad", bien, para algunas personas puede resultar perfecta esta fórmula, para otras, no tanto. Depende de nuestro juicio y de nuestra capacidad para escuchar lo que las personas que queremos necesitan y desean así será más fácil distribuir mejor nuestro tiempo. Podemos ser el novio o podemos ser el cartero, depende de nosotros.

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ytuquepiensas

ytuquepiensas dijo

Me gusto mucho tu post..es muy pero muy cierto todo lo que en el escribes...ademas no hay mayor fortaleza para la vida que una relacion profunda y diaria con Dios...solo el sentirlo en tu corazon es el que te hace superar cualquier problema que se presente en tu vida.....y en cuanto a hablar de parejas que estan lejos ..yo nunca he creido que el amor pueda crecer estando distanciados..porque el amor necesita de la convivencia diaria ,,, de los abrazos de los besos etc etc..hasta de los problemas entre ambos.....solo el dia a dia hace que el amor crezca y se fortalezca mas...saludos

21 Junio 2006 | 05:44 AM

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